
Guitarra n°4
El primer paso hacia un camino propio en la construcción de guitarras.

¿Por qué construir una guitarra diferente?
Durante mucho tiempo hubo una pregunta que no conseguía responder: ¿Es posible construir una guitarra clásica con mayor potencia, con una respuesta más rápida y un mejor equilibrio entre las cuerdas, pero manteniendo los principios que la hacen clásica?
Tomando como punto de partida el modelo de Antonio de Torres de 1884, construí mis tres primeras guitarras y dirigí la construcción de otras catorce junto a mis estudiantes. Al terminar ese proceso comprendí que todavía no encontraba el sonido que buscaba.
Cuanto más estudiaba la obra de Torres, más admiración sentía por ella. Pero había un problema: yo aún no comprendía lo suficiente su método como para obtener los resultados que buscaba y copiar un mismo modelo ya no estaba respondiendo a las preguntas que me hacía como constructor. Necesitaba probar algo distinto.

Un nuevo maestro en mi camino
Un amigo me recomendó leer el trabajo del luthier húngaro Ervin Somogyi, quien es pionero en la construcción de guitarras de alta gama, siendo un gran referente de la luthería moderna tras la publicación de su libro “The responsive guitar”, que honestamente sacudió todo lo que pensaba saber y me obligó a mirar la guitarra con otros ojos.
Entendí que la tapa debe poder vibrar en todo su esplendor, con completa libertad y en todas direcciones, y el método tradicional español no me estaba funcionando. Por otro lado, quiero hacer de la guitarra un objeto cercano que invite a tocar por horas sin que su forma incomode, y he notado que las formas tradicionales a veces no responden a la ergonomía, sino justamente a la tradición.
Eso significaba replantear casi toda su estructura.


El ingrediente crucial
Mientras me preparaba para alcanzar mis objetivos en una nueva guitarra, me crucé con el trabajo del luthier norteamericano Jeremy Clark, que llegó a cerrar el puzle. Pasé mucho tiempo estudiando cada fotografía de sus guitarras e intentando comprender la lógica detrás de su construcción, y encontré esta nueva mirada que estaba buscando.
Por un lado necesitaba liberar la tapa, y por otro encontrar la manera en que resista la tensión de las cuerdas sin restringir su capacidad de vibrar. Al parecer la respuesta no está en cambiar la materialidad o los espesores, sino en algo más básico: la geometría. Y el triángulo es la geometría más estable que conocemos. ¿Qué pasa si toda la estructura interna de la tapa la pensamos como una sucesión de triángulos?
Con estos nuevos conceptos me atreví a hacer la primera propuesta para un sistema de estructura hexagonal, soportado por una caja de resonancia extra firme y ligera.













